martes, 24 de enero de 2012

OLIVERIO GIRONDO murió un 24 de enero

OLIVERIO GIRONDO 
(Buenos Aires, 1881 - 1967) Poeta argentino, figura central de la renovación literaria de los años veinte y treinta. Fue uno de los jóvenes miembros de la vanguardia poética argentina, junto a Jorge Luis Borges y Raúl González Tuñón.
Oliverio Girondo nació y vivió su primera infancia en Buenos Aires, pero luego viajó periódicamente a Europa. Tomó contacto con los movimientos de posguerra, como el cubismo y el dadaísmo.
Girondo defendió la autonomía plena del lenguaje (rechazando ataduras que lo ligaran a sus funciones convencionales) para tratar de transmitir la pura esencialidad de la invención poética. Ese gesto de permanente desafío a la inercia y a la inmovilidad es acaso el que mejor caracterizó la personalidad del autor y su vocación por sobrepasar los límites de lo manifestable.
En sus libros Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), Calcomanías (1925) y Espantapájaros (1933) demostró su maestría en el manejo de la metáfora y confianza absoluta (siguiendo en esto los postulados del ultraísmo) en el poder de la imagen poética para alcanzar la esencia de las cosas. Especialmente dotado para la experimentación con el lenguaje, Girondo poseyó una destreza singular en el manejo de la ironía. En tales obras reafirmó su actitud de irreverencia moral y estética, su sentido del humor y su óptica desquiciadora del lugar común.
Sus poemas son emblemáticos de la nueva sensibilidad estética, que se caracterizaba por la búsqueda incesante de nuevos ángulos desde donde abordar la realidad, desde la más sublime a la más cotidiana. Así, las ciudades y los paisajes que con insistencia aparecen en sus textos son vistos a través de una lente que construye combinaciones inéditas entre los objetos, señalando lo que la mirada común no percibe y sólo la estratégica posición del ojo poético logra descubrir y nombrar.

APUNTE CALLEJERO
En la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos
senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido
de los automóviles destiñe las hojas de los árboles. En un
quinto piso alguien se crucifica al abrir de par en par una
ventana.

Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes,
que se me entran por las pupilas. Me siento tan lleno
que tengo miedo de estallar... Necesitaría dejar algún lastre
sobre la vereda...

Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de
pronto, se arroja sobre las ruedas de un tranvía.

De Veinte poemas para leer en el tranvía


EXVOTO 
A las chicas de Flores

Las chicas de Flores, tienen los ojos dulces, como almendras
azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños
de seda que les liban las nalgas en un aleteo de mariposa.

Las chicas de Flores, se pasen tomadas de los brazos, para
transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en
las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se
les caiga en la vereda.

Al atardecer, todas ellas cuelgan sus pechos sin madurar
del ramaje de hierro de los balcones, para que sus vestidos
se empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a remolque
de sus mamás –empavesadas como fragatas- van a pasearse
por la plaza para que los hombres les eyaculen palabras al
oído, y sus pezones fosforescentes se enciendan y se apaguen
como luciérnagas.

Las chicas de Flores, viven en la angustia de que las nalgas
se les pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el
deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces quisieran
desembarazarse de él como de un corsé, ya que no tienen el
coraje de cortarse el cuerpo en pedacitos y arrojárselo, a todos
los que les pasan la vereda.

                                                         Buenos Aires, octubre, 1920

De Veinte poemas para leer en el tranvía

En 1932 publicó Espantapájaros. Girondo se comprometió a vender los 5000 ejemplares de la edición, y para ello se valió de una particular campaña publicitaria. Alquiló una carroza fúnebre tirada por seis caballos y conducida por cocheros, cambió las habituales coronas de flores de la carroza por una que transportaba un enorme espantapájaros con chistera, monóculo y pipa. Al mismo tiempo, sobre la calle Florida inauguró un local atendido por hermosas muchachas.  
La acción publicitaria resultó un éxito: el libro se agotó en un mes.

1
No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual acero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! Ésta fue —y no otra— la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?¡María Luisa era una verdadera pluma! Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres. ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. “¡María Luisa! ¡María Luisa!”...y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte. Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes la de pasarse las noches de un solo vuelo! Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

De Espantapájaros

12
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.
De Espantapájaros 

Posteriormente publicó Plenilunio (1937), Persuasión de los días (1942) y Campo nuestro (1946). Su última obra, En la masmédula (1954), es acaso la más audaz de todas por el caos verbal y alucinatorio que propone.

EL PURO NO
El no
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
y nooan
y el plurimono noan al morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son ni sexo ni órbita
El yerto inóseo noo en unisolo amódulo
sin poros ya sin nódulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no.
De En la masmédula

MI LUMÍA
Mi Lu
mi lubidulia
mi golocidalove
mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma
y descentratelura
y venusafrodea
y me nirvana el suyo la crucis los desalmes
con sus melimeleos
sus eropsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y
gormullos
mi lu
mi luar
mi mito
demonoave dea rosa
mi pez hada
mi luvisita nimia
mi lubísnea
mi lu más lar
más lampo
mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio
mi lubella lusola
mi total lu plevida
mi toda lu
lumía.
De En la masmédula
En 1943 se casó con la escritora Norah Lange
ELLA
Es una intensísima corriente
un relámpago ser de lecho
una dona mórbida ola
un reflujo zumbo de anestesia
una rompiente ente florescente
una voraz contráctil prensil corola entreabierta
y su rocío afrodisíaco
y su carnalesencia
natal
letal
alveolo beodo de violo
es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que
estrellan y disgregan
aunque Dios sea su vientre
pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada
una libélula de médula
una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes
un chupochupo súcubo molusco
que gota a gota agota boca a boca
la mucho mucho gozo
la muy total sofoco
la toda “shock” tras “shock” la íntegra colapso
es un hermoso síncope con foso
un “cross” de amor pantera al plexo trópico
un “knock out” técnico dichoso
si no un compuesto terrestre de libido edén infierno
el sedimento aglutinante de un precipitado de labios
el obsesivo residuo de una solución insoluole
o un mecanismo radioanímico
un terno bípedo bullente
un “robot” hembra electroerótico con su emisora de delirio
y espasmos lírico-dramáticos
aunque tal vez sea un espejismo
un paradigma
un eromito
una apariencia de la ausencia
una entelequia inexistente
las trenzas náyades de Ofelia
o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable
una despótica materia
el paraíso hecho carne
una perdiz a la crema
De En la masmédula


En 1961 fue atropellado por un automóvil que lo dejó inválido. Murió en Buenos Aires el 24 de enero de 1967.

Fuentes biográficas: Biografías y vidas y documentos de taller literario Nuevas Voces.


4 comentarios:

  1. Una generosa aportación sobre Oliverio Girondo, que agradezco enormemente. Sin recordar su autor, me he reencontrado con esa magistral metáfora "un hombre se crucifica al abrir de par en par una ventana". Y me ha resultado curiosa esa sensación de "efecto acordeón" en el poema "12". Volveré para leer todo de nuevo, pues ahora (en este hemisferio) se me hace muy tarde y debo madrugar.
    Un abrazo, Daniel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy gentil de tu parte, Luis. Gracias por pasar por los dos blogs, y me alegro que hayas disfrutado de los trabajos.
      Un abrazo,
      Daniel

      Eliminar
  2. Paso de nuevo a saludarte, Daniel. Compruebo que tienes ocupaciones más interesantes o necesarias, o más bien es que aplicas eso de "no vale tanto la cantidad como la calidad".
    Después de unos días ausente, he visto tu apoyo en mi blog, y no sabes cuánto valoro tu forma de decirme "adelante".
    Un gran abrazo

    ResponderEliminar
  3. ¡Hola, Luis!
    Efectivamente, otras ocupaciones no me permiten dedicarle tiempo a mis blogs. Pero sólo por ahora. ;)
    Un abrazo, y muchas gracias por la visita.

    ResponderEliminar

¡Gracias por dejar tu marca!